jueves, 21 de noviembre de 2013

La niña de la trenza rubia.


A propósito de los riesgos y las oportunidades: 








Al día siguiente, por la mañana, la niña de la trenza rubia se quedó asombrada cuando, al sacar el cubo con agua del pozo, vio que éste estaba lleno de ranas.

En el antiguo idioma sánscrito hay una palabra compuesta para designar a una persona estrecha de miras que se conforma con oír lo que siempre ha oído y hacer lo que siempre ha hecho, lo que hace todo el mundo y lo que, según parece, han de hacer todos los que quieran seguir una vida tranquila y segura. La palabra es "kupmanduck" (rana de pozo), y ha pasado del sánscrito a las lenguas hindúes modernas, en la que se usa con el mismo sentido.

Aun así, el mundo está lleno de pozos, y los pozos llenos de ranas, y niñas con trenzas rubias siguen llevándose sustos de vez en cuando por la mañana.




"Precisamente hoy, es el primer día del resto de nuestra vida"

Norman Vicent Peale & Og Mandino 






¿No deberíamos correr el riesgo de aceptar oportunidades nuevas?





miércoles, 20 de noviembre de 2013

La importancia del tiempo




Imagínate por un momento que existe un banco, y que cada mañana esta institución acredita en tu cuenta personal la suma de 86.400 euros. No arrastra tu saldo día a día, cada noche borra cualquier cantidad de tu saldo que no usaste durante el día. ¿Qué harías? Retirar hasta el último centavo. 
¡Por supuesto que sí!

Cada uno de nosotros, tiene ese banco, su nombre es tiempo. Cada mañana este banco te acredita 86.400 segundos. Cada noche este banco borra, y da como pérdida, cualquier cantidad de ese crédito que no se haya invertido en un buen propósito. Este banco no arrastra saldos ni tampoco permite sobregiros.


Cada día el banco te abre una nueva cuenta, cada noche elimina los saldos del día, si no usas tus depósitos del día,  la pérdida es tuya; no se puede dar marcha atrás, no existen los giros a cuenta del depósito de mañana. Debes vivir en el presente con los depósitos de hoy. Invierte entonces de tal manera que puedas conseguir lo mejor en salud, felicidad y éxito. 

El reloj en forma inexorable sigue su implacable marcha, debes entonces esforzarte por conseguir lo máximo en el día. Para poder entender el valor de un año, pregúntale a algún estudiante que perdió el año de estudios; para entender el valor de un mes, pregúntale a una madre que alumbró a un bebé prematuro; para entender el valor de una semana, pregúntale al editor de una revista semanal; para en el valor de una hora, pregúntale a los amantes que esperan reunirse; para entender el valor de un minuto, pregúntale a una persona que perdió el avión; para entender el valor de un segundo, pregúntale a una persona que con las justas evitó un accidente; para entender el valor de una milésima de segundo, pregúntale al atleta que ganó una medalla de plata en las Olimpiadas. 

Atesora cada momento que vivas, y atesóralo más sabiendo que el tiempo no espera por nadie ni por nada. Ayer es historia, mañana es misterio, hoy es una dádiva. Por eso es que se le llama el presente. 



Autor: Anónimo.  

lunes, 18 de noviembre de 2013

Mi primer post en italiano





Hace tiempo, vengo prestando cada vez más atención a las palabras. No soy un gran orador, ni un gran escritor. Tampoco domino muchos idiomas. Creo que domino el español, y no sé si "dominar" sería la palabra correcta para denominar mi ejecución del lenguaje. Y digo creo porque el humano cuando cree es cuando más tranquilo y feliz está, no siendo así cuando realmente sabe algo.

Es curioso que días atrás y, después de haber escuchado lo mismo en varias ocasiones, me llamase la atención la palabra "senti", en una entrevista grabada en italiano. En este caso, y no quiero pecar de buen traductor porque ni lo soy ni conozco el idioma, podría ser traducida como "escucha". Viene del verbo "sentire" en italiano, que significa escuchar. Me gustó especialmente el tono en el que suena en ese idioma esta palabra porque le da un cariz mucho más profundo. Sí, ya sé que depende del tono en el que el hablante o emisor lo haya dicho pero, bueno está.

Claro, me quedé pensando un rato la relación entre las palabras "escuchar" y "sentir".




Escuchar, sentir... Pero creo que en medio de estos dos términos, tendría que venir el entendimiento y la comprensión para, al fin, poder sentir. No sé si es ese el orden correcto, pero ninguno debería faltar. Y es que, si nos damos cuenta, en lo cotidiano escuchamos mucho pero sentimos poco. Fruto de ello son las decisiones que tomamos, a veces con un rumbo totalmente contrario al que hubiésemos deseado o las relaciones que tenemos con algunas personas. De ahí también dimana el desencanto de las personas con muchos aspectos de su vida y volvemos a una cuestión ya hablada por aquí: la atención.





Si no prestamos verdadera atención empática mientras escuchamos a un igual (que no se nos olvide que todos somos iguales), no podremos "conectar" con la persona que tenemos delante o al lado, o allá a lo lejos, que nos está transmitiendo un mensaje. No vamos a sentir lo que siente o lo que quiere transmitirnos y creo que, en consecuencia, no podremos actuar convenientemente.








Os invito, pues, a sentir. 








Hay veces que podemos tener miedo a sentir algo y, por supuesto, nuestras razones tenemos. Decía Flaubert que la manera más profunda de sentir una cosa es sufrir por ella. No es que esté invitando al lector a sufrir, de ninguna forma, no. Quizá podríamos cambiar la palabra sufrir por "pasar".

El pasar por una cosa, por "algo" que nos pueda estar transmitiendo otra persona, nos ayuda, sin que nos demos cuenta,  a empatizar con el que tenemos delante. Esta empatía, junto a la compasión, forma una pareja casi perfecta.




Quizá así, podríamos cambiar el miedo de alguien por comprensión y paz. La duda, por la certeza de que, aunque no se pueda resolver, no está solo. La ansiedad, por calma. También podemos compartir la alegría, la risa, todo lo bueno y lo no tan bueno que tiene la vida, y saber que estás siendo escuchado, "sentito".





Quizá la Ley o las Leyes o, en este caso concreto que recuerdo, la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH), no se han firmado desde el sentimiento, desde la emoción. Puede que la palabra "firmar" está mal dicha aquí. Hace poco, viendo un vídeo sobre este tema, el narrador decía que los padres políticos que firmaron la DUDH en 1948, lo hicieron emocionalmente, vistas las atrocidades que se cometieron en la II Guerra Mundial y en el Holocausto.

Claro, llegamos al año 2013 y nos encontramos que sí, que existe tal declaración de derechos humanos, pero en la mayor parte del Planeta no se respeta. Ni nosotros, ni nuestros políticos han firmado tal declaración y menos, de manera emocional. No quiero enrollarme más. A partir de aquí, unas preguntas:





¿Son nuestras leyes, leyes emocionales?

¿Se respetarían en mayor medida si las interiorizáramos?  









Perdón al lector que creía que aquí iba a encontrar verdaderamente un post en italiano. Prometo algún día escribirlo.

Gracias, Esmi, por la ayuda con el italiano. 

viernes, 15 de noviembre de 2013

Ser psicólogo





A veces puede ser incómodo estar con un psicólogo o un estudiante de Psicología. Nos pasamos el rato, a veces sin querer, sacando punta y analizando todo, por muy habladores o callados que estemos, formulando hipótesis y falsando las mismas. Y eso, a veces, a la gente no le gusta porque ¿y tú qué sabrás?

No es la primera vez que uno se encuentra (en mi corta experiencia vital), con alguien que se ha leído dos libros de auto ayuda y no es que pueda saber algo de Psicología, es que ya lo sabe todo y tú, pues te callas. ¿Para qué has estudiado la carrera si en estos libros viene? Podrías haber aprovechado el tiempo en hacer otra cosa. O, ¿es que quieres curarte a ti mismo? En fin, amigos.

Para el que piense que este estudio es fácil, una cosa: Sí, lo es. 





Es fácil si lo amas. Es más fácil si persigues buscar para encontrarte a ti mismo ayudando a los demás. Es un trabajo recíproco, una búsqueda que da frutos en ambos sentidos, de dos colas, ambivalente, bidireccional. Probablemente estabas esperando que dijese que no, que no es fácil. O que es más difícil que otro tipo de estudios. Normalmente le damos mucha más importancia a lo nuestro, casi siempre por orgullo. Cada uno se pone sus metas y sus muros, y cada día me resulta más difícil hacer comparaciones de este tipo.



De un tiempo acá, tengo más en cuenta que no estamos influenciados o perturbados por los eventos, sino por nuestra interpretación de los mismos. Creamos y creemos en una realidad subjetiva. Y a veces queremos ser objetivos sin tener en cuenta que, probablemente, lo objetivo sea lo subjetivo de una construcción social.

Me gustaría dejaros este pequeño texto que encontré por la red (por desgracia, no sé quién es el autor/a).

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Un psicólogo es alguien tan perdido como tú en la vida. 

Solo que tiene una linterna y un mapa, además de valentía para acompañarte. Un psicólogo tiene que soportar que la gente hable de Psicología, sin tener la menor idea al respecto (pensarás que a ti, con tu profesión, también te pasa eso). Es de las profesiones más mitificadas del mundo, casi nadie ha leído el “Código de Ética del Psicólogo” pero casi todo el mundo habla de lo que debería ser o no hacer un psicólogo.



Un psicólogo es una persona normal, fuma, bebe, baila, ama, tiene sexo, igual que todos. Como en todas las profesiones, los hay apáticos, drogadictos, arrogantes, corruptos, faltos de ética     -entre otras actitudes nefastas-, pero también hay psicólogos excepcionales, inquietos por naturaleza y con personalidades exquisitas. Tal cual, como ser humano, nada le es ajeno y en lo humano, la perfección no existe.

Sobre el psicólogo pesa el miedo de la sociedad. Todo el mundo sabe que el psicólogo ve lo que nadie ve, eso da temor. Un psicólogo generalmente dice lo que no deseas escuchar. Esa es una labor titánica y siempre mal retribuida emocionalmente. 







Dentro de esta sociedad el psicólogo es siempre un último recurso. Antes se consulta: el chamán, el sacerdote, el médico, el pastor, el brujo… Cuando en realidad debería ser el primero. 
Un psicólogo no sabe la verdad de la vida, no tiene fórmulas exactas no es químico, tampoco es adivino y menos, telépata. 

El psicólogo es científico (muchos se reirán con esto, en la ignorancia, claro). Aunque no siempre tiene razón,  siempre busca junto a la verdad, y las teje. Es un explorador, un investigador por convicción.




La diferencia entre una persona que estudia Psicología y la que no, radica en su relación con su sombra, un psicólogo juega con su sombra. Un psicólogo es su propio instrumento de trabajo. 


Un psicólogo nunca lo sabrá todo, pero puedes jurar que nunca dejara de buscar saberlo todo.

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lunes, 16 de septiembre de 2013

La fuerza está en nosotros, sólo tenemos que querer verla.




Un pobre hombre sale a la calle donde se encuentra con un viajero que le para y le dice: "Amigo mío, veo que está usted muy triste, coja este lingote de oro, véndalo y será rico para toda la vida". El hombre, entusiasmado de alegría por la buena suerte, se llevó el lingote a casa. Inmediatamente, encontró trabajo y ganó tanto dinero que no tuvo necesidad de vender el lingote de oro. 
Transcurrieron los años, y el hombre se hizo muy rico. Un buen día, se cruzó en su camino con un pobre; el hombre lo detuvo y le dijo: "Amigo mío, yo le daré un lingote de oro, véndalo y será rico por toda la vida." El mendigo cogió el lingote, lo examinó y, se dio cuenta de que aquello no era más que cobre. 



Todos traemos nuestro propio lingote de oro. Creamos en él.